Hasta el cuerpo del vino cambia con el tiempo

Hasta el cuerpo del vino cambia con el tiempo

Columna de opinión para Seisentidos club, FM Radium 91.3 Mendoza y Exquisitos Paladares.

Por: Fran Gonzalez Antivilo (Ing. Agrónomo vitícola – Tec enólogo)

El cuerpo más antiguo para el preciado líquido es la famosa botella de vidrio. Su uso data del siglo XV y se reconoce con la autoría al imperio Romano. Este contenedor tiene muchísimas ventajas. La primera y principal es que es inerte química y físicamente lo que permite que el vino no sea afectado organolépticamente con el paso del tiempo. Por otro lado el color verde retrasa o evita en parte la foto-oxidación (oxidación por culpa de la luz). Y por supuesto no hay que olvidar el dejo a tradicional y romántico que tiene este envase, pero también tiene sus desventajas, entre ellas la fragilidad y en segundo lugar una moderada trasferencia de calor (esto es importante cuando se quiere enfriar un vino blanco por ejemplo).

Pero lo cierto es que la botella ha sido el cuerpo del vino por muchísimos años; Aunque este cuerpo tiene distintas formas y volúmenes. En 1970 la industria hizo un tratado de homologación y se definió los 75 cl como el volumen stardard. Hay una curiosidad: ciertas variedades parecieran que tienen un cuerpo definido. Pinot noir y Chardonnay se pueden encontrar casi exclusivamente en una botella llamada bordelesa (esa que parece un con panza y cuello bien largo). Es sumamente raro encontrar otras variedades en este tipo de botellas. Pero no solo hay de 75 cl, sino que las de otros volúmenes tienen nombre particulares como por ejemplo la botella de 150 cl llamada Magnum o la Matusalem de 6 litros (la que se usa para los festejos de las carreras de autos o motos).

Últimamente en el mercado del vino han aparecido nuevos envases con ventajas técnicas especificas para cada situación pero todos con una similitud: no se parece en nada a la botella.

Entonces me pregunto: ¿A pesar de las características técnicas superadoras serán aceptadas por los consumidores? ¿Cuanto tardarán en ser aceptadas las nuevas tecnologías aplicadas al packaging del vino?

Hay varios tipos de envases que algunas bodegas empiezan a introducir en sus lineas de fraccionamiento. Algunas de ellas ya han empezado con la difusión de las ventajas para preparar al consumidor ante la novedad. El primer envase distinto que empezó a circular fue el tetrabrik. Desde el comienzo se utilizó para los vinos de gamas más bajas, por una sencilla razón: es más barato. Esa es su gran ventaja con los costos de packaging actuales. Si bien el tetra es el tetra, se está innovando en la calidad del diseño y el vino que algunas bodegas ponen en la caja está mejorando la calidad.

Pero más recientemente apareció en el mercado una versión similar con otras ventajas, la llamada Bag in box o bolsa dentro de la caja. Esta versión de 3 a 5 litros, si bien no es barata de implementar por las bodegas cuenta con la ventaja de “diluir” el costo del pack por litro. Tiene grandes ventajas: la primera es que es inerte, la segunda es que la bolsa hace vacío al descargar el vino evitando que se pique, la tercera es que tiene un cómodo pico dispensador. La desventaja más clara es que no es un envase para servir en la mesa. No queda fino.

Aunque todavía no llegan a la enología Argentina si hay nuevos cuerpos del vino que se están comercializando. Algunos de ellos con ventajas técnicas muy puntuales pero bastante atrevidos para una bebida tan tradicional como es el vino. Tal vez el ejemplo estrella la lata de vino. Bueno, la desventaja estética está clara y a más de uno le costará imaginar un vino en lata, pero lo gran ventaja del aluminio es el rápido enfriamiento por ser un excelente conductor térmico.

Recientemente ha aparecido una empresa que comercializa vino por copa para eventos. La copa es plástica y viene con una tapa metálica como la del yogur. Sin lugar a dudas esta es la presentación más transgresora para el vino. Para un evento las ventajas son claras, no hay ruptura ni pérdida de copas de vidrio o cristal y es autoservicio.

Entonces parece que la estética de los cuerpos va cambiando, y que nada es inmutable con el paso del tiempo, ni para algo tan clásico y tradicional como el vino. Dice una sabia frase: lo se que resiste persiste, lo que se acepta se transforma. Tal vez lo mejor sea asumir que el cuerpo cambia con el tiempo, y que el tiempo no se detiene ni espera a nadie. Con respecto al tapado ya se avecinan cambios también pero será tema de otra columna.

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