Y si…hasta el vino se viste a la moda

Columna de opinión para Seisentidos club, FM Radium 91.3 Mendoza y Exquisitos Paladares.

Por: Fran Gonzalez Antivilo (Ing. Agrónomo vitícola – Tec. enólogo

¿El tema de hoy? La moda. ¿Y que tiene que ver con los vinos? Puff si tendrá que ver. Lo que pasa es que estamos acostumbrados que los colores, la ropa, un restaurante o un bar se ponga de moda, la gente los prefiera, las ventas aumenten a ritmos imbatibles, pero dura poco. ¿Y después? A crear otra moda, y así es un círculo que no termina porque lo que vende es la novedad. ¿Y en el vino pasa? Si Usted supiera.

Entonces lo que me pregunto: ¿Puede llegar a ser peligroso para la industria vitivinícola nacional desde el punto de vista comercial depender de las modas? ¿O al revés, es un círculo virtuoso que permite ir experimentando con nuevas elaboraciones y nuevos productos constantemente? Y…que se yo. Pero lo cierto es que hoy vamos a dar un pantallazo de cómo han sido las modas que han pasado por las últimas décadas.

¿Cómo era el vino hace medio siglo por nuestras tierras? Bueno, había poca tecnología, era “purito”, solo uva prensada y fermentada. Los vinos eran frescos y frutados, con los aromas típicos que puede brindar la uva. Pero poco a poco empezamos a guiarnos por el estilo francés, es decir, añejando vinos en barricas de roble. Obviamente hasta los años 80 y pico esto funcionó muy bien porque era una forma de aliarse al “grandote” en vez de intentar diferenciarse. Pero esa moda llegó a su fin cuando todos los productores llamados del “nuevo mundo” discreparon del dominio Europeo y comenzaron a elaborar los famosos varietales como marca país. Esta fue la corriente que aprovechó cada productor para darse a conocer y desmarcarse de sus competidores. Así fue el caso de Malbec en Argentina, Carmenere en Chile, Pinotage en Sudáfrica, Syrah en Australia, etc. Fue como una especie de rebeldía, de salirse del modelo europeo, y generar marca propia. La verdad que ese fue un acierto importante de la industria nacional.

Pero pasaron los años y cuando las cosas se acomodaban solitas apareció otro “grandote”, el del norte de América que encima de producto es un gran comprador, es decir, el señor que maneja los hilos. Con estas dos condiciones de dio el lujo de imponer moda, y herramientas para eso no le faltan. Una de ellas fue posicionar a “mega críticos” que no voy a nombrar pero que puntean los vinos del nuevo mundo. Pero hace unos 15 años sacaron de abajo de la manga una nueva herramienta: el cine, hollywood. Obviamente publicitando variedades que ellos tienen como la Pinot noir, que se hizo famosa en la película “Entre copas”. El efecto fue casi inmediato, desde ese año aumentaron los pedidos de la variedad, pero como toda moda impuesta duró un poquito nomas. Pero mucho más recientemente se ha instalado como moda la variedad Cabernet franc, por dos cosas: la primera es que era desconocida y ahora es la revelación, y la segunda y más técnica, es que su uva produce vinos más elegantes, con mucho menos astringencia que la variedad Cabernet Sauvignon (su hija). Pero antes de eso, se instaló la moda, también a gusto del estadounidense, de los vinos con 24 meses de barricas de primer uso, los famosos “tablazos”, super concentrados e intensos.

Más acá en el tiempo apareció una tendencia, no se si moda, de lo orgánico, pedido por personas que viven una vida más saludable, que rechazan los químicos, y bueno, eso se trasladó a los alimentos desde el 2005 aproximadamente. Con el mismo envión aparecieron los vinos veganos, y un paso más allá llegaron los vinos biodinámicos (tema de otra columna).

Y la última tendencia, especialmente de bodegas pequeñas o proyectos personales (que se animan a arriesgar), son los vinos “no intervenidos”, que aparecen, como en todo arte, como una contra manifestación o como una ruptura a lo establecido. ¿Y qué es lo establecido? El “tuneo” de los vinos. Entonces en qué consiste un vino no intervenido: en no agregarle nada, ni ácido tartárico, ni guardas en madera, ni siquiera levaduras. Tampoco se filtra. Volvemos a los orígenes, al vino de uva y nada más, como hace unos 50 años atrás, pero con más calidad.

Dicen que las modas son cíclicas, se re-inventan, así que, tal vez, en un par de años estemos tomando algunos de estos estilos de vinos sin darnos cuenta. ¿Y cómo cerramos? Con una reflexión: Si usted le atraen las modas, no se acostumbre que son cortitas; si usted es curioso va a tener que buscar bastante para encontrar lo que le gusta. Así que tal vez lo mejor como consumidor sea pactar con la moda, aunque sea solo un poco, para aprovechar y conocer nuevos estilos de vino que cíclicamente irán apareciendo. Pero lo más importante, de todo como dice el spot de vino argentino “brindo por el futuro, por la música y el vino”. Salud!

¿Querés escuchar la columna en el programa “Agenda Ejecutiva”?

 

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