Rastrera y trepadora, pero de las buenas


Columna de opinión para Seisentidos club, FM Andina 90.1 Mendoza y Exquisitos Paladares.

Por: Fran Gonzalez Antivilo (Ing. Agrónomo vitícola – Tec. enólogo)

“Liana trepadora originaria del sotobosque del suroeste de Eurasia que da frutos en racimos llamados bayas” dicen los libros de botánica sobre la vid. Si fuera un acertijo seguro que fallamos. Pareciera una planta muy diferente a la que conocemos por estos lados, no?

Como es una planta del fondo del bosque, del suelo, donde la mayoría de los árboles tienen varios metros, la estrategia de supervivencia de la planta para llegar al sol fue treparse. De allí sus firmes zarcillos que le hacen de mano para escalar de cualquier cosa que toquen (tienen sensibilidad). Por suerte a nuestros antepasados se les dio por domesticarla y transformarla en ese arbusto tan nuestro.

Entonces la pregunta que me surge: ¿La vid, puede cambiar de lugar y forma y seguir agraciandonos con sus vinos? ¿Sería como una especie de camaleón de las plantas? De eso vamos a hablar en la columna de hoy, de la domesticación, y las zonas donde hoy en día se cultiva con éxito este frutal.

Una palabra que seguramente has escuchado en este tema de las vides y el vino es el “sistema de sostén o de apoyo”. La planta si no tiene de donde agarrase se hace rastrera, hasta que encuentra un palo donde treparse. Hoy en día los sistemas de sostén más comunes son el espaldero (palos y alambres dispuestos en forma vertical que hacen de espalda a la planta y le dan rigidez) y de parral (donde los alambres están dispuestos en forma horizontal formando un techo sobre el cual se apoya la planta). Pero esto es la modernidad. En los comienzos los egipcios se dieron cuenta que le tenían que arrimar algún sostén, pero que no fueran tan alto para no complicar la cosecha. Entonces disponían palos de otros arboles y guiaban la planta formando una pérgola. Los etruscos, un pueblo habitante de la península itálica usaban como sostén a los álamos donde la vid se enrollaba. Esos cosechadores se merecen un monumento. En la península ibérica se decidieron por no usar sostén e inventaron un sistema al que hoy llamamos “de cabeza” que consiste en un pequeño tronco de unos 30 0 40 cm del cual salen todos los brotes que se apoyan en el suelo libremente. Por supuesto este último sistema es más barato porque no requiere estructura, pero obviamente tiene las dificultados de que no se puede modernizar, ni cosechar o podar mecánicamente por lo que está en desuso.

En conclusión la vid hay que darle la forma y esperar un par de años para que se endurezca la madera y quede a gusto y placer del podador.

Entonces ya sabemos: es capaz de adoptar cualquier forma. Pero sería capaz también de adaptarse a distintos climas? Es la reina de la plasticidad. Se la encuentra en todo tipo de suelos, elevaciones y paisajes. Lo único que no le ha convencido hasta el momento son las zonas tropicales. Es una planta que necesita las 4 estaciones bien marcadas. Si miramos un planisferio esta planta se encuentra entre los 30° y 40 ° de ambos hemisferios. A más grados de latitud hace mucho frío y se termina congelando, y a menos hace mucho calor y los frutos son de muy mala calidad.

Es una planta que se ha adaptado a los semidesiertos como en Argentina, Australia y España, y a las zonas muy diluvios como Francia y Alemania. Se ha adaptado a vivir al nivel del mar como en Nueva Zelanda y Chile y en las montañas como en Bolivia.

Es verdad que no todas las variedades logran su máximo esplendor enológico en todos los lugares, pero como ya hemos comentado en otras columnas hay variedades que son más ubicuas que otras. Por suerte para nosotros el Malbec no se da bien en todos lados, pero si en Argentina.

¿Entonces como cerramos la columna de hoy? Primero diciendo que la vid es una planta de asombrosa adaptación al medio, y encima es la que nos da el vino, flor de regalo nos mandó baco. Pero la segunda para decir es un consejo: aproveche la diversidad y cómprese una botella de vino de una variedad que nunca haya probado o de una zona que no conozca. Después me cuenta. ¿Y la moraleja? Se la debo para la próxima columna, el sábado que viene.

¿Querés escucharlo ? Acá está el postcast de la columna en FM Andina. Dale Play

fuerza

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