Palabras raras para quedar bien parado

Columna de opinión para Seisentidos club, FM Andina 90.1 Mendoza y Exquisitos Paladares.

Por: Fran Gonzalez Antivilo (Ing. Agrónomo vitícola – Tec. enólogo)

Seguramente ya te has dado cuenta que el lenguaje que rodea al vino tiene palabras complicadas, tanto en pronunciación como en significado. A veces el lenguaje está lleno de tecnicismos químicos, físicos, enológicos, pero también de metáforas y comparaciones. En resumen, es un vasto lenguaje, que a veces se hace difícil de entender si uno es un neófito en el tema, y si uno es un experto lo que suele suceder es que cada vez invente más palabras para describir los vinos.

Entonces la pregunta que me surge es: ¿Es necesario todo ese lenguaje o es solo por una cuestión de marcar la diferencia? ¿Se puede describir un vino con un lenguaje cotidiano?

Es un tema largo de desentrañar, pero lo vamos a intentar en esta breve columna. En principio, y para ser justos, hay que decir que existe, como en cualquier disciplina un lenguaje técnico que es muy útil al momento de aunar criterios entre los que trabajan en el tema. Por ejemplo no es lo mismo un vino sano que otro con una quebradura férrica o uno con acidez volátil elevada. Un técnico del vino puede tomar las medias pertinentes en cada caso, con esas simples palabras que describen al vino.

También existe un lenguaje romántico, tanto como la bebida en si misma, que se utiliza para describir al vino. Esta lleno de metáforas y comparaciones a gusto de cada quién, pero sin embargo alguien ya ganó de mano e impuso ciertas palabras que hoy son de uso extendido. Por ejemplo una expresión muy común es decir que un vino brinda un paladar aterciopelado o sedoso(?). Ahí más de uno pone cara de “que chamuyero que sos”… Para muchos esta frase no significará nada, pero para los que están acostumbrados a manejarse en este mundo de vino sabrán que se le dice así a un vino de tacto suave, que no genera sensación de aspereza en la boca. Al vino que si tiene aspereza se le suele decir, como era de esperar, áspero, pero también y acá usando una palabra técnica, se le dice astringente.

También el lenguaje descriptivo del vino tiene metáforas como por ejemplo cuando a un vino se lo llama “generoso”, “poderoso”, “elegante”. En el primer caso se está diciendo que el vino aportan muchos aromas e intensos tanto en boca como en nariz, y en segundo caso, que el vino tiene mucha concentración, tal vez mucho alcohol y una astringencia marcada.

Lleva un cierto tiempo acostumbrarse a todo este lenguaje, que tiene sus generosos vericuetos. Así que no se asuste si al principio no le sale ninguna de estas frases de corrido, porque lo cierto es que existen infinidad de términos porque existen muchas sensaciones por describir, tanto gustativas, olfativas y táctiles. Las primeras corresponden a lo ácido, salado, dulce o amargo, las segundas a la gran cantidad de aromas que se pueden encontrar en un vino y su intensidad, y el tercer grupo corresponde a la untuosidad, efervescencia, temperatura, astringencia y ardor.

Pero tal vez lo más interesante de todo esto, es que si decimos una de estas palabras en el asado del domingo quedamos como unos campeones, eruditos y tal vez, hasta expertos. Son palabras románticas pero que a su vez denotan cierta cultura, y por eso nos hace quedar bien.

Y existe un tercer lenguaje para describir un vino, el lenguaje hedónico, el del placer, el que se resume en “me gustó” o “no me gustó”. Como siempre decimos en Seisentidos club, es importante poder llegar a esta simple conclusión basada en nuestras afinidades personales pero también es importante saber por qué y cómo transmitirlo o contarlo a un tercero. Así, que algo de los otros dos lenguajes hay que saber, es inevitable.

El punto bonus de aprender de descripción sensorial es que el lenguaje es aplicable a todas las bebidas, comidas, e incluso perfumes. Así que cuando aprenda este nuevo idioma, no peque y se conviertan en un pesado, se lo pedimos por favor.

Y a esta altura ya vamos cerrando la columna y lo hago con una reflexión: invertir en aprender sobre sensaciones, vinos y comidas nos hace incursionar en nuestro mundo sensorial, que usualmente está descuidado. Así que no se demore y comience hoy, pero recuerde que el que habla más bonito no siempre es el que más sabe, hay muchos que lo hacen de fanfarrón nomas.

¿Y cual es el consejo de hoy? Muy simple, compre un vino, e intente describirlo, como le salga. También se puede apoyar en Google o meterte en las redes de Seisentidos que allí algo aprenderá.

Salud y excelente fin de semana!

¿Querés escucharlo ? Acá está el postcast de la columna en FM Andina. Dale Play

 

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