Vejez, salud y vino, ayer y hoy.


Desde tiempos de la medicina griega es que se cita al vino como un poderoso antienvejecimiento, un anti-age diríamos en términos modernos. Hoy los avances científicos nos permiten asegurar el por qué de estas propiedades que desde hace tanto tiempo ya se le encontraban a esta bebida. De esto se trata esta columna, de la salud, la vejez y el vino, ayer y hoy.

Las técnicas médicas de los griegos se basaban en la observación repetida de los casos para luego hacer juegos del razonamiento, digamos que una etapa pre-científica. Un filósofo y político como Empédocles y un médico llamado Hipócrates, ambos griegos, planteaban que el envejecimiento sucedía por la pérdida de calor y humedad natural del cuerpo, ya que desde el momento del nacimiento se empezaban a consumir estos elementos, hasta que la muerte sucedía por la ausencia de estos. Básicamente planteaban que la vida es como un fuego que se va consumiendo por lo que sus recomendaciones para atrasar la muerte eran baños calientes cotidianos, buena comida, algo de ejercicio y unos cuencos de vino al día.

Hipócrates afirmaba que “el vino es cosa admirablemente apropiada para el hombre, tanto en el estado de salud como en el de enfermedad, si se le administra oportunamente y con justa medida, según la constitución individual”.

Es más, hasta propusieron leyes donde se prohibía el consumo de vino a los menores de 18 años (según ellos porque el joven ya posee un exceso de calor y el vino podría afectar negativamente), hasta los 30 años podía probar vino con mesura pero estaba totalmente prohibido embriagarse, y a partir de los 40 (hay que tener en cuenta que por aquellos años una persona de 40 ya era un anciano) el consumo no tenía limitaciones porque era considerado una diversión, un remedio, un rejuvenecedor.

Los médicos griegos recetaban vino para las fiebres, la convalecencia y como antiséptico. También lo utilizaban como analgésicos, diuréticos, tónicos y digestivo. Ya pregonaba el famoso filósofo Platón “El vi8no es la leche de los ancianos.”

Según el poeta griego Eubulo  (375 a.C.) la cantidad idónea de vino por día eran 3 cuencos: el primero para la salud, el segundo para el amor y el placer y el tercero para dormir. También decía que si se tomaban más cuencos incitaba a la violencia, siendo el décimo cuento el que corresponde a la locura y lanzamiento de muebles.

Muchísimo tiempo después el médico y filósofo español Maimónides (1136-1204) retomó la idea griega del vino como terapéutico y anti-edad. Unos años después Arnold de Villanueva publicó el tratado,  La defensa de la vejez y el rejuvenecimiento, donde utiliza conceptos muy parecidos a los Hipócrates donde dice que para alcanzar el bienestar y la salud hay que evitar la perdida del calor por lo cual recomienda el vino.

Si bien los conceptos médicos de la época eran empíricos algo de razón tenían, o por lo menos ya intuían los beneficios del vino como sanador del cuerpo y el alma, cosas que hoy en día se han ido comprobando a través de la ciencia moderna.

Las grandes propiedades del vino, especialmente del vino tinto, se deben a los compuestos llamados antocianos (dan color violeta, rojo y azul a todos los vegetales entre ellos las uvas), resveratrol y el alcohol. Entre los tres aportan beneficios como una mejor circulación de la sangre, mejor equilibrio y coordinación motriz en la vejez y reducción en el deterioro de la memoria. También se han encontrado mejoras en el estado de la piel, y esta es la razón por la que se este usando tanto en la industria de la cosmetología.

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Además, mediante otros estudios, se ha comprobado que es un perfecto aliado para mejorar la vida sexual y el nivel anímico, reduciendo el riesgo de depresión y ayudando a disminuir el estrés y la ansiedad ya que su ingesta libera endorfina, la famosa hormona del placer.

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Pero como casi todo en este mundo para que funciona se tiene que administrar moderadamente. Algunos dicen que se tiene que tomar 1 copa al día, otros dos, pero lo cierto es que entre 150 y 200 ml al día brindan las ventajas mencionadas anteriormente.

Que puedo decir en defensa de los antiguos: tenían más intuición que conocimiento pero así todo supieron reconocer las bondades de esta bebida. Hoy se ha avanzado en conocerla y describirla desde un punto de vista más objetivo.

Hay un refrán español que resume la columna de hoy, y tiene mucho de sabiduría:

Con vino y vida tranquila, la vejez llega de maravilla. 

Hasta la próxima. Salud!

Fran

 

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