Ya es tiempo de vendimia, un año más ha pasado


La mayoría contamos los años a partir del 1 de enero, pero hay todo un gran pueblo que los cuenta de marzo a marzo, cosecha a cosecha. La uva tinta ya casi está, las blancas ya fueron cosechadas y comienza como todos años la disputa por el precio y la forma de pago de la uva. El productor espera con ansias la cosecha, ya que es una época de muchas probabilidades de granizo, de lluvias fuertes y vendavales. Y si ve alejarse al camión “cargadito” al menos sabe que algo cobra, el número fino lo hace después. No han sido pocas veces, ni pocos productores, que días antes de la cosecha lo han perdido todo.

La vendimia es un momento de mucho trabajo y tensión para el productor de uva. De eso se trata la columna de hoy, de la culminación de un año de trabajo.

El ciclo de la uva empieza en finales de otoño y principio de invierno con la poda, una actividad muy demandante de mano de obra y por lo tanto de capital de trabajo, es decir, plata. No solo hay que tener este recurso sino que hay que conseguir el personal capacitado para hacer esta actividad que tiene sus secretos y que además definirá el futuro de la producción porque con la poda se puede manejar la cantidad de cantidad de racimos y la calidad del follaje. Esta es la época más cruda del año, y la planta tiene que sobrevivir. Aunque también puede haber daños en brotes y racimos si las heladas son tardías. Este es el primer desafío que tienen las plantas y los productores.

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El ciclo sigue y llega la primavera, el productor respira aliviado, el invierno ya pasó. Pero no tanto, porque por noviembre cuando comienza la floración de la vid, los vientos calientes y tremendamente secos pueden disminuir el “cuaje”, es decir la formación de los granitos. Sin granos no hay cosecha. Estos vientos que solo se dan en zonas de montaña al lado sotavento (es decir, atrás de la montaña si consideramos la dirección del viento) y han sido los encargados de mermar muchas cosechas. Y como todo mendocino sabrá los “zondas” no son para nada infrecuentes. Este tipo de vientos también soplan en otras zonas vitícolas de Europa (viento Fohen) y de EEUU (viento Chinook) pero no con la rigurosidad de nuestras tierras.

¿Como sigue la historia en el viñedo después de la floración? Bueno, hay que cuidar a la planta y su follaje para que haga mucha fotosíntesis y la calidad de los racimos sea la mejor posible. Algunas de las tareas son los acomodamiento de brotes, las curaciones y los riegos con el fin de mantener a las hojas a pleno potencial. Pero no todos los años son fáciles, aunque Mendoza sea la tierra del sol y del buen vino. Seguramente recordará que la vendimia pasada estuvo caracterizada por una lluvia atrás de la otra. Si llueve o está nublado (como fue en el 2010 y el 2016) cerca de la época de cosecha, al productor se le ponen “los pelos de punta”. Implica más curaciones (es decir pérdida de rentabilidad), racimos de peor calidad, labores que no se puedan hacer a tiempo porque el suelo está mojado o “no hay piso” como se dice en el campo y también un retraso en la maduración de la uva exponiéndola a las contingencias climáticas.

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Pero supongamos que el año es “normal”, soleado, sin viento, y con baja incidencia de enfermedades, el producto ve la luz al final del túnel y ya comienza a preparar la cosecha. Pero pare un poquito porque no es tan fácil…¿Quién cosecha la uva? haa…ese es otro tema. No siempre se encuentra el personal para esta labor y el alquiler de las máquinas cosechadoras requiere de un sistema de conducción en particular (cordón bilateral) por lo que no todos los productores pueden optar a esta opción. Pero supongamos que hay cosechadores y que después de varios tires y aflojes por el precio de la “ficha” (precio pagado por tacho de uva cosechado) el productor finalmente cosechó todo, se enfrenta al último reto y tal vez el peor…la bodega. En general bodegas que manejan mucho volumen siempre tienen “la sartén por el mango” y fija precio y la forma de pago. ¿Cuando se les “escapa la tortuga”? Cuando hay muy poca uva, pero implica que algunos productores que pudieron zafar a todas las inclemencias del año puedan “ponerse de pie” pero todos, los otros que no tuvieron tanta suerte, tendrán que seguir esperanzados que la vendimia que viene sea mejor.

Cierre

Todo esto pasa para llegar a tener una cosecha de uva…y le aseguro que no es poca cosa. ¿Entonces como quiere que no lo festejemos? La fiesta nacional de la vendimia ha ido mutando con los años llegando a ser un festejo que atrae  a los nuestros y los ajenos. Hoy hay controversias con respecto al reglamento y protocolo de las reinas, a la estética, a los guiones,  a las partidas de dinero, etc, y que tal vez empañen un poquito el festejo y la alejen del espíritu del evento. Pero le aseguro que para los productores llegar a la vendimia con mucha uva y “sanita” es un gran alivio que se festeja con un gran asado. Y al ratito nomas ya comienza un año nuevo.

Lo dejo disfrutar de la vendimia, la seguimos la semana que viene.

Fran

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