Heladas tardías, una contingencia que define el futuro de la producción


Nota para Diario Los Andes (Mendoza) 13 de octubre el 2018. Link original.

 

Estamos transitando una época que no pasa desapercibida por ningún productor agropecuario de Cuyo. Las heladas que pueden ocurrir de setiembre a noviembre desvelan a productores de diferentes cultivos entre ellos, a los viñateros, que saben que en   este momento se puede definir en gran medida la producción que cosecharán en el verano.  Se les llama heladas “tardías” porque ocurren en primavera, un momento en las cuales no se las espera, pero sin embargo ocurren. Las plantas, desprevenidas, se encuentran  iniciando su ciclo vegetativo con hojas y frutos “tiernos” que son muy sensibles al congelamiento.  

Las heladas tardías pueden dañar las flores y los frutos recién cuajadas (empezando a     formarse) en los frutales como el durazno, la pera, la manzana, etc. Por otro lado, las hortalizas de primavera-verano como los zapallos o los tomates, recién se están plantando y una helada tardía puede matar la planta entera, lo que obliga al productor a hacer borrón y cuenta nueva.  ¿Y qué pasa con la vid? Para responder esta pregunta es necesario mencionar breves conceptos biológicos-anatómicos que ayudarán a comprender la magnitud de los daños y la complejidad de reconocerlos.

La planta de vid pasa el invierno en un estado de “dormición” donde no hay crecimiento, y todas las estructuras inactivas poseen mecanismos de protección al frío (aunque no siempre son infranqueables). Hacia el final de invierno y comienzo de la primavera, con el aumento de las temperaturas, las plantas comienzan, poco a poco, a activarse para crecer de nuevo. Esta brotación ocurre a través de unas pequeñas estructuras que se llaman  yemas, y que, pese a que visualmente parezcan muy simples, a nivel interno presentan gran complejidad. Cada una de estas estructuras que llamamos yema es en realidad una   multi-yema que está constituida por 3 de ellas. Solo una es la principal y otras dos yemas son de repuesto (llamadas secundaria y terciaria). Esta estructura compleja es un mecanismo de supervivencia de la planta. De este modo, la yema principal es la mejor formada y por ende, la que está preparada para brotar en la primavera.

Además es la que “trae” los racimos, los cuales están pre formados en su interior. Si por alguna contingencia este brote muere, la planta hace uso de las otras yemas que quedaron de “repuesto”. ¿Entonces si la planta cuenta con estos repuestos, cuál es el problema de que muera la  yema primaria? La respuesta es muy cara a nivel productivo, y es que tanto las yemas  secundarias como terciarias casi no “traen” racimos, son solo hojas. Mientras que la cantidad aproximada de racimos por brotes de la yema principal es de 2, en los brotes de yemas secundarios pueden alcanzar solo el 20 %, mientras que en las yemas terciarias los racimos son casi inexistentes.

 

Así, una helada severa puede dañar los brotes o incluso los racimos, por lo que la “reacción” de supervivencia de la planta será emitir los brotes de repuesto, por lo que en ese caso quedará definida la pérdida de producción. Pero también ocurre que las heladas   pueden ser “suaves” y que no alcancen a matar a los brotes pero si afectan parte de los    racimos, por lo que se puede encontrar una fisiopatía llamada “corrimiento”, lo que implica pérdida de granos dentro del racimo. Estos daños son difíciles de identificar y se suelen  detectar recién en la cosecha cuando el productor descubre que los racimos “no pesan” o que “cuesta llenar el camión”.

Por lo tanto, la magnitud de los daños quedarán definidos por las características de las heladas, la zona, el momento de ocurrencia, las condiciones del predio agrícola y la resistencia al frío de cada uno de los órganos de la vid (brotes, flores, pámpanos, etc).

De la interacción de todos estos factores es que pueden ocurrir o no mermas en la producción. Así se desprende que no hay una temperatura única para que ocurran daños, y que cada helada es potencialmente, pero no indefectiblemente, dañina para la vid.

DCIM

La noche del 2 de octubre heló en algunas zonas frías de Mendoza y San Juan. Algunos productores “prendieron” la finca, mientras que otros no quisieron o pudieron hacerlo, principalmente, porque no es una cuestión barata. En un primer vistazo a vuelo de pájaro no hubo daños apreciables, pero hay que esperar que el ciclo siga su curso para hacer una evaluación más detallada, a pesar de que la temperatura en algunas fincas alcanzó los 3 grados bajo cero. Cada año es distinto y presenta sus particularidades agrometeorológicas a las cuales estamos sometidos, por lo cual es necesario seguir trabajando fuertemente en estudiar y monitorear la evolución de la resistencia al frío de las plantas y comprender la dinámica de las heladas para generar más conocimiento técnico acerca de este tema en nuestra zona. Con respecto a si va a helar o no nuevamente, solo puedo decir que el riesgo no ha pasado.

Pero eso ya no depende de nosotros.

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